jueves 26 de marzo de 2009
Vitral de mujer sola
Se sabe de una mujer que está sola
porque camina como una mujer que está sola
Se sabe que no espera a nadie
porque camina como una mujer que no espera a nadie
Esto es
se mueve irregularmente y de vez en cuando se mira los zapatos
Se sabe de las mujeres que están solas
cuando tocan un botón por largo tiempo
Las mujeres solas no inspiran piedad
ni dan miedo
si alguien se cruza con ellas en mitad de la vereda
se aparta por miedo a ser contagiado
Las mujeres solas miran el paisaje
y se diría que son amantes
de las aceras/ de los entresuelos/ de las alcantarillas/ del subsuelo
de los subterfugios
Las mujeres solas están sobre la tierra al igual que sobre los árboles
les da igual porque para ellas es lo mismo
Las mujeres solas recitan parlamentos
estoy sola
y esto quiere decir que está con ella
para no decir que está con nadie
tanto se considera una mujer sola
Las mujeres solas hacen el amor amorosamente
algo les duele
y luego todo es más bien triste o colérico o simplemente amor
Estas mujeres se alumbran con linternas
van al detalle
saben donde se encuentra cada cosa
porque temen seguir perdiendo
y ya han perdido o ganado demasiado
Ellas no lo saben
porque van del llanto a la alegría
y a veces piensan en la muerte
También planean un largo viaje e imaginan encuentros posibles
Administran el dinero
compran legumbres
trabajan de 8 a 8
Si tienen hijos hacen de madres
son tiernas y delicadas
aunque muchas veces se alteren
un pensamiento recurrente es
ya no puedo ni un minuto más
Las mujeres solas tienen infinidad de miedos
terrores francamente nocturnos
los sueños de tales mujeres son
terremotos catástrofes sociales
Una mujer sola reconoce a otra mujer sola de forma inmediata
llevan el mismo cuello airado
lo cual no quiere decir que no quieran a nadie más que a sí mismas
esto es completamente falso
Lo cierto es que la casa de una mujer sola
está abierta a su antojo
Una mujer sola
no puede curar su soledad
porque nada está enfermo
se remedia lo curable
una gripe o un dolor de estómago
La mujer que piense que su soledad es curable
no es una mujer sola
es un estado transitivo entre dos soledades
infinitamente más peligrosas
Una mujer sola es una mujer acompañada
aunque de este hecho no se percate más que el zapato
al que mira con detenimiento
o el botón
que parece representar algo verdaderamente importante
como de hecho lo es
como los árboles o el cielo
sólo que el privilegio que deriva de semejante atención
es más bien propio de las almas temperadas al siguiente fuego:
id contigo
para estar con vosotros.
(de Correo del Corazón)
Yolanda Pantin. (1954).
Estudió Letras en la Universidad Católica Andrés Bello y es autora de los libros: Casa o Lobo (1981), Correo del corazón (1985), La canción fría (1989), Poemas del escritor (1989), El cielo de París (1989), Les Bas Sentiments (París, 1992), Los Bajos Sentimientos (1993), La quietud (1998), La otredad y el vampiro (Teatro, 1984), Enemiga mía (España, 1998).
sábado 21 de marzo de 2009
domingo 15 de marzo de 2009
martes 10 de marzo de 2009
El placer de las cosas sencillas
Amanecer. Ver como se cuela la claridad por los tragaluces de mi habitación.
La voz de Paula por el hilo telefónico, dando parte de sus últimas travesuras. Tres años y medio de determinación y asombros.
Una ensalada. Hojas de lechuga de distinta especie, aceitunas con corazón de atún, hebras de alfalfa, champiñones salteados y un toque de aceite de oliva.
Dormir.
La mirada de mis estudiantes cuando al fin comprenden que to be tiene dos connotaciones: Ser y Estar.
Una tarde de cine. Las actuaciones contenidas de “El Lector” o la búsqueda amorosa sin respuesta en “Vicky Cristina Barcelona”.
Los colores y la suave textura de las lanas que reposan en la cesta de los tejidos.
La ductilidad del vidrio cuando se somete al fuego.
Las caminatas montaña arriba con Ale. Las conversaciones, interrumpidas por altos para tomar aliento, mientras intentamos comprender las interrogantes de la vida.
El sonido del viento despeinando los árboles.
La fragancia resultante de los humores de la flor de mango y la robustez de la vainilla, envasada en un humilde frasco de cristal marrón, proveniente de alguna isla del Caribe.
El agua de rosas, lo picante de la canela.
La textura de las sábanas recién lavadas, secas al viento y al sol
Los juegos de la acuarela diluida, sorpresa de formas sobre el papel.
Escuchar hablar a Tía Chen de su vida, desde los ochenta y tantos años de su hacer y encontrar en esa historia parte de la mía.
Caminar durante horas.
La risa compartida con José Horacio y su búsqueda interminable de conocimiento.
Una canción entonada a capella con algún compañero de trabajo.
Observar.
Las palmas que crecen lentamente en la sala de la casa, guardianas aladas del silencio.
La neblina que desciende de la montaña y viene a posarse en el jardín durante los días de frío extremo.
La lluvia cuando danza sobre el tejado, arrullo para el sueño.
La mezcla de azúcar y mantequilla, memoria de las aventuras reposteras de mi madre.
Atravesar de lado a lado la piscina, acunada por el azul del agua.
Aprender.
Expediciones de búsqueda de libros junto a mi hermano.
El mar y su canto.
La risa de mi hijo cuando era niño y sus preguntas acerca de la existencia de Dios, la Madre Naturaleza y el nacimiento de los arcoíris en las manchas de aceite del pavimento.
El sabor persistente del chocolate amargo.
Los aeropuertos y la posibilidad del vuelo.
Bañarme con agua caliente aromada con albahaca verde y estrellas de anís.
Gina descubriendo incertidumbres entre El Sol, El Emperador y La Papisa, arcanos de lo eterno.
La lectura de “ A dos distancias”, poemas de Gustavo Gómez Rial.
Sentir como mi cuerpo responde a los movimientos lentos y encadenados de Yoga-dance.
La mirada honesta y limpia de alguno de esos amigos del corazón que se acercan sin dobleces ni máscaras.
El humeante té verde que Tetél reparte, con mano pródiga,cada mañana.
El contraste de las hojas secas sobre la grama.
Las carreteras y su afán.
Ver las manos de mi padre mientras arma y desarma algún artefacto en su taller.
Escribir.
Las reuniones de discusión metafísica con Francia Idanis, hermana de toda la vida.
El rumor cadencioso del Daimoku y Gonguio que me lleva al encuentro conmigo misma.
Pedro Guerra, Andrés Cepeda, Chabela Vargas, Ellis Regina, María Rita, La niña Pastori, cada uno con su estilo particular.
Los domingos en cualquier calle de otra ciudad.
Los ojos del hombre que amé cuando encontrarse en la paz era posible.
Sentir la arcilla húmeda deslizarse entre mis manos.
La luz de un candil.
El silencio.
Y el olvido.
Elsa Sanguino.
viernes 6 de marzo de 2009
De Azul y Canela
Los siguientes poemas son de un libro que está en proceso lento pero insistente. La poesía, para mi, es un tejido laborioso que toma cuerpo a cada segundo, día tras día, permitiendo mantener la esperanza y alimentar la alegría.
VIII
Así comenzó
con un sonido idéntico a los otros
y respiros entre rechinar de dientes
Azul tenía el cuerpo laxo,
reposando en el lado derecho de la cama
y un ángel caído tatuado en el abdomen.
Nunca durmió del lado contrario
para obedecer las enseñanzas de un padre
quien otorgó poderes
siniestros al amanecer con el pie izquierdo.
Evitaba cerrar los ojos y así alejaba
las huellas de los enanos que
lo perseguían entre sueños.
No quería escuchar esas voces
Canela llegó a pensar que se trataba
de algún vampiro triste
y sediento de olores
de sonidos antiguos
de imágenes borrosas,
de afectos improbables
Entregada, aromaba ese cuerpo
añorando un brindis de paz
o una tregua
Por lo menos un silencio sin presagio de tormenta
Bastó otro retorno desde el más nunca de ese hombre
para iniciar la despedida.
Hoy
un fastidio amargo habita los dobleces del vacío
Canela finge no escuchar
IX.
Quiso poseerla desde siempre.
Habitar en ella con desenfado y sin arrepentimientos
Bañarse a placer con la sal de un océano cuyo nombre ignora
pero que sabe habita debajo de esa piel
Ansiaba tomarla y sentir en su lengua
la hondura de aquella boca que contaba historias
y descubrir
el diseño que otras bocas habían bordado en esos labios.
Dejar anidar en esa entrepierna su muerte pequeña
y desintegrarse sin aliento
Quería transitarla de arriba a abajo
Descubrirla
Amarla
Ver desde los ojos de ella otras formas
otros colores
Encontrar a su lado reposo para tanto camino
tanto deber ser
conquistar
alcanzar
Sólo quería ser
Y no pudo.
Huyó con el perro del pasado hincándole los colmillos
Fue más fuerte el miedo que la urgencia de vivir.
Elsa Sanguino




